Cuando extrañas a una persona

Beth Solano

Cuando extrañas a una persona, te das cuenta de que lo que echas de menos no es un lugar sino la comodidad de sus brazos, la familiaridad de su tacto en tu piel. No sientes el deseo de estar donde está, necesariamente, sino de estar con ella, lo que hace que incluso los lugares más extraños te resulten familiares.

Cuando echas de menos a una persona, no anhelas volver a un lugar concreto del mapa o revivir un recuerdo o una sensación determinada, sino que anhelas recordar el sabor de su colonia en tus labios, la suavidad de sus mejillas, la forma en que te sentías tan completo y a gusto cuando se inclinaba hacia ti y te quitaba un mechón de pelo de la cara.

Cuando echas de menos a una persona, sólo quieres estar con ella -el lugar es irrelevante- porque el tiempo se detiene con cada beso.

Cuando añoras a una persona, no se trata de desear volver a algún lugar, no se trata de abordar un vuelo o un tren para viajar hasta ella, sino de luchar de alguna manera contra el espacio y la distancia para estar en algún lugar en el mismo momento, sea donde sea.

Cuando añoras a una persona, te acuerdas constantemente de ella, siempre te la imaginas a tu lado, siempre te imaginas cómo sería si estuviera ahí, tocándote la espalda o haciéndote reír por una tontería.

Cuando añoras a una persona, no importa dónde estés, nunca te sientes como si pertenecieras a ella sin que esté a tu lado.

Cuando tienes nostalgia de una persona, podrías volver al pueblo en el que creciste, a la ciudad en la que fuiste a la universidad, al lugar con cuatro paredes y ventanas por el que pagas un alquiler cada mes, a la casa en la que están tus padres, a todos los lugares y espacios que has reclamado a lo largo de los años, y seguirías sintiendo un fastidio por estar en otro sitio.

Cuando echas de menos a una persona, hay un dolor sordo y adormecido en la boca del corazón que te recuerda que hay algo que falta cuando no está.

Cuando echas de menos a una persona, el tiempo pasa lentamente, cada minuto se alarga hasta que por fin puedes escuchar su voz, un pequeño recordatorio de que ella también siente la pesadez de cada largo día sin ti.

Cuando extrañas a una persona, no puedes entender por qué tu vida está tan llena y, sin embargo, a veces te sientes tan vacío, por qué siempre estás en un lugar pero deseas estar en otro, por qué te sientes tan solo aunque no estés solo.

Cuando extrañas a una persona, te das cuenta de que tu hogar no fue nunca un lugar, sino una conexión, sino un sentimiento, sino un deseo de estar entrelazado con alguien física y emocional y espiritualmente y completamente.

Cuando echas de menos a una persona, no puedes encontrar el lugar en el que encajas a menos que sea con el otro, haciendo una morada en el corazón del otro, en el alma del otro.

Cuando echas de menos a una persona, haces todo lo posible para juntaros, para borrar el espacio y la distancia y las horas que han anidado entre vosotros. Aprendes a amar a través de los obstáculos. Aprendéis a hacer hogares el uno del otro.

Y caéis hermosa y aterradoramente de cabeza en los brazos a los que pertenecéis. TC mark

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