Cultura de la España musulmana

Literatura

En el siglo IX florecieron poetas de la corte como ʿAbbās ibn Nāṣih, ʿAbbās ibn Firnās, Yaḥyā al-Ghazāl y el caballero Saʿīd ibn Jūdī. Por encima de todos ellos, sin embargo, estaba Muḥammad ibn Hāniʾ, apodado el «Mutanabbī de Occidente» (Abū al-Ṭayyib al-Mutanabbī fue un poeta iraquí del siglo X), que en virtud de sus ideas religiosas se vio obligado a abandonar su tierra natal y entrar al servicio del califa fāṭimí al-Muʿizz. En el siglo X, al-Manṣūr reunió en Córdoba a un notable grupo de poetas de la corte. Los bardos desempeñaban las funciones de los periodistas modernos, acompañando a su protector en las expediciones militares y celebrando sus hazañas en verso, cuya rima cantarina quedó grabada en la memoria del pueblo de Al-Andalus. Como al-Manṣūr eligió a los principales talentos de su época para que actuaran como «poetas-periodistas» -hombres como Ibn Darrāj al-Qaṣtallī, al-Ramādī, Ṣāʿid de Bagdad, al-Ṭalīq, y muchos otros- esta poesía ocasional alcanzó a veces cotas literarias. En el siglo X, Ibn Faraj de Jaén se consideró con suficiente bagaje para componer el Kitāb al-Ḥadāʾiq («Libro de las huertas»), la primera antología de poetas andalusíes. A esta antología le siguió pronto una del médico Ibn al-Kattānī.

La cima más alta de la literatura islámica en España se alcanzó durante la época de los ṭāʾifas, cuando el rey-poeta al-Muʿtamid estableció un embrión de academia de bellas letras, que incluía a los principales intelectuales españoles, así como a los sicilianos que emigraron de su tierra natal antes de su conquista por los normandos. Otros reyes menores de la península se esforzaron por competir con al-Muʿtamid, pero no lograron reunir una constelación de escritores de talla comparable.

Entre los poetas destacados del siglo XII en Andalucía oriental (el Levante andalusí) estaban Ibn Khafajā de Alcira y su sobrino Ibn al-Zaqqāq. A la época de mayor decadencia, en el siglo XIII, pertenecieron Abū al-Baqāʾ de Ronda e Ibn Saʿīd. En el siglo XIV, tres poetas de la corte, Ibn al-Jayyāb, Ibn al-Khaṭīb e Ibn Zamraq, conservaron sus versos haciéndolos inscribir en la Alhambra.

En la literatura árabe, la poesía posee mayor vitalidad que la prosa. Aun así, hay varios escritores en prosa de importancia. Ibn Shuhayd (c. 1035) fue el autor de una obra que sirvió de inspiración a Abū al-ʿAlāʾ al-Maʿarrī para su Risālat al-ghufrān («Epístola del perdón»). El prolífico Ibn Ḥazm de Córdoba (fallecido en 1064) escribió el delicioso Ṭawq al-ḥamāmah («El anillo de la paloma»), que trata sobre el amor y los amantes y que sigue siendo popular hoy en día. La enorme producción de Ibn Ḥazm incluye el Kitāb al-Fiṣal, una historia de las religiones que no fue superada por los estudiosos occidentales hasta bien entrado el siglo XIX. También fue uno de los principales exponentes de la escuela de jurisprudencia Ẓāhirī, que hacía hincapié en el conocimiento exhaustivo del Corán y los hadices. Aplicó los principios del Ẓāhirismo a la teología y denunció todos los enfoques no literalistas de la teología. Otro polímata fue el visir-historiador Ibn al-Jaṭīb (fallecido en 1375). Dos antologías de obras históricas y literarias del siglo XII de Ibn Bassām e Ibn Khāqān son excelentes fuentes de información sobre el apogeo de las letras andalusíes. A menudo, las mejores gramáticas y diccionarios de una lengua son escritos por autores que viven en zonas periféricas y que se esfuerzan por evitar que sus compatriotas cometan errores graves en la región. Esto quizá explique que Al-Andalus, situado en la franja occidental del mundo musulmán, produjera obras que hasta hoy se utilizan como textos en algunas universidades islámicas tradicionales. De entre estos gramáticos destaca al-Zubaydī, tutor de Hishām II e Ibn Maḍāhʾ de Córdoba, que propuso una drástica reforma de los métodos gramaticales. El poema didáctico Alfiyya («Los mil versos») de Ibn Mālik de Jaén constituye un excelente manual de gramática; y Abū Ḥayyān de Granada (fallecido en 1344), que emigró a Oriente, escribió un destacado comentario al Quʾrān, así como la primera gramática turca. En el campo de la lexicología, es preeminente el ciego Ibn Sīda de Denia (fallecido en 1066), autor de una especie de «diccionario de ideas»

En el campo de la ciencia quʾrānica destacan Abū ʿAmr de Denia e Ibn Fierro de Játiva, cuyos manuales hicieron posible la correcta salmodia del Quʾrān. Además, aparecieron varias colecciones de hadices (tradiciones referidas al Profeta), pero ninguna de ellas tuvo especial importancia. En este ámbito, los andalusíes fueron imitadores de Oriente, y destacan figuras como Ibn ʿAbd al-Barr, Ibn Rushd (Averroes) e Ibn ʿĀṣim.

Las primeras crónicas existentes de la España musulmana, como la Taʾrīkh iftitāḥ al-Andalus («Historia de la conquista de España») de Ibn al-Qūṭiyyah, se remontan al siglo X. En la época ṭāʾifa el historiador español preeminente es Ibn Ḥayyān de Córdoba (fallecido en 1076), cuyo Muqtabis, conservado en su mayor parte, es una antología de textos históricos recogidos de las obras de sus predecesores; sin embargo, también escribió una crónica original, el Matīn. De interés humano son las Memorias del rey Zīrī ʿAbd Allāh, que fue depuesto por los almorávides y que trató de justificar en esas memorias sus actos como estadista. En la época naṣrid se encuentra el mencionado Ibn al-Khaṭīb. Las obras de los historiadores norteafricanos Ibn Khaldūn (fallecido en 1406) y al-Maqqarī (fallecido en 1631) aportan mucha información sobre Al-Andalus.

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